Sol, solecito, caliéntame un poquito


La última vez que vi el sol hace como dos semanas

Me hace falta sol como nunca antes lo había necesitado. Al día de hoy puedo decir que, después de casi nueve años viviendo en esta latitud, ya me acostumbré al frío y hasta podría confesar que me gusta. Hasta le encontré el lado amable porque desarrollé una nueva actividad: encontrar suéteres con motivos sorprendentes para paliar la falta de luminosidad de la moda hivernal. Desgraciadamente a lo que no me he acostumbrado y creo que nunca lo haré es a la falta de luz solar en invierno. Nada, absolutamente nada, se compara con la luz del sol para levantar el ánimo que últimamente anda muy bajo. 

En tiempos normales, por estas fechas, el invierno comienza a hacer estragos porque dependiendo cómo haya estado el otoño ya van cinco meses en la penumbra sin embargo en tiempos de Pandemia esto está tomando proporciones escalofriantes. Según recuerdo nunca antes me había pesado tanto el hecho de no tener luz pero según mi marido siempre en febrero ando diciendo que ahora sí este año ha sido el más frío. Solo que esta vez mi discurso cambió y no ha sido el más frío sino el mas triste, gris, canijo y encerrado que he vivido por estos lares.

El problema es que con la falta de sol llega el terrible Jamaicón. Para los que no sepan qué significa es el hecho de extrañar el país de origen a groso modo. Y yo lo que extraño a mas no poder es el calor de mi tierra. Ya me cansé de traer secarme el cabello cuando me baño, de traer calcetines de lana todo el tiempo, de ponerme veinte mil capas de ropa para poder salir. Claro, todo eso se sentiría menos si hubiera tantito sol. Uno pide sol y le mandan arena del Sahara. Y pues ya hasta aquí me reporte. 

Me encontré esta piedra en la orilla del lago y le vi cara del mapa del DF 


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